A pesar de aquel calor,
que era más propio del verano,
cuando llegaba fecha de pagos
a cobrar iba cada anciano.
El ómnibus estaba completo,
y ya doblando en Tristán Narvaja,
se levantaron los viejitos
para bajar allí en la Caja.
Parecía que habían sentido
un deseo compulsivo,
por tirarse contra la puerta
y así huir del colectivo.
Si se pasaba de parada
tendría que caminar mucho,
así que se apretó contra la otra gente
a pesar de aquel calducho.
No tenía para a dónde agarrar,
lo empujaban de allá y de acá,
cuando quiso acordar
sintió un abrazo desde atrás!
Vio pasar una mano al costado
que se le metió en un bolsillo trasero,
y le sacó la cartera de al lado,
ahí se dio cuenta que era un ratero!
Al querer dar la voz de alarma
fue entonces que lo sintió:
como una helada serpiente
la espalda le recorrió.
"Cuchillo o revólver fino"
fue en lo único que pensó!
Si se hacía el gran fornido
ni sabrían qué le pasó!
Sintió un olor acre profundo,
y con vergüenza comprendió,
que no era sólo sudor
lo que le empapaba el pantalón.
Apretando los labios con fuerza,
y con mucha frustración,
hizo todo lo que pudo
y en silencio descendió.
Esforzándose por moverse,
porque la impotencia le pegó,
con aquel pánico y pena
hasta su casa llegó.
Entró y con varias cerraduras
a la puerta la trancó.
Pucha!...que estaba muy dura,
la "térmica sensación"!